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Pedro Vicente
Apicultura
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Pedro Vicente
Forja y Fragua
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Una fragua es un fogón que se usa principalmente para forjar los metales. Generalmente es un mueble de ladrillo o piedra, cubierto de rejillas en el cual se aviva el fuego pasando una corriente de aire horizontal por medio de un fuelle manual o mecánico.
También se llama fragua al taller del herrero, que generalmente tiene un fogón de estos.
La forja es el arte y el lugar de trabajo del forjador o herrero, cuyo trabajo consiste en dar forma al metal por medio del fuego y del martillo.
Una forja contiene básicamente una fragua para calentar los metales (normalmente compuestos de hierro), un yunque y un recipiente en el cual se pueden enfriar rápidamente las piezas forjadas para templarlas. Las herramientas incluyen tenazas para coger el hierro caliente y martillos para golpear el metal caliente.
En la forja se modela el metal por deformación plástica y es diferente de otros trabajos del hierro en los que se retira o elimina parte del material mediante brocas, fresadoras, torno, etc., y de otros procesos por los que se da forma al metal fundido vertiéndolo dentro de un molde (fundición).
(fuente: Wikipedia)

aire horizontal por medio de un fuelle manual o mecánico.
También se llama fragua al taller del herrero, que generalmente tiene un fogón de estos.
La forja es el arte y el lugar de trabajo del forjador o herrero, cuyo trabajo consiste en dar forma al metal por medio del fuego y del martillo.
Una forja contiene básicamente una fragua para calentar los metales (normalmente compuestos de hierro), un yunque y un recipiente en el cual se pueden enfriar rápidamente las piezas forjadas para templarlas. Las herramientas incluyen tenazas para coger el hierro caliente y martillos para golpear el metal caliente.
En la forja se modela el metal por deformación plástica y es diferente de otros trabajos del hierro en los que se retira o elimina parte del material mediante brocas, fresadoras, torno, etc., y de otros procesos por los que se da forma al metal fundido vertiéndolo dentro de un molde (fundición).
(fuente: Wikipedia)

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Pedro Vicente
Iberos
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La historia reciente de Ayora está marcada tanto por su situación política fronteriza entre el Reino de Castilla y la Corona de Aragón desde la Reconquista como por su situación geográfica en la cabec cabecera de un valle significativamente aislado.
Después de un periodo histórico común con el resto del sureste peninsular, tan solo destacable actualmente por restos pictóricos y funerarios de cierta importancia (incluyendo diversas cuevas con arte rupestre) y sobre todo por el –éste sí merecería capítulo aparte– muy destacable "Mugrón de Meca" o "Castellar del Mugrón de Meca" con restos de una muy importante población íbera –y/o celtíbera¿?– (en un altiplano cercano a Castilla), que posteriormente fue romana y en menor medida árabe (en esa época se decidió bajar a habitar el llano y los restos en esta zona se dispersan), llegó la "reconquista" de los reinos cristianos del norte.
Este periodo sí marca la historia contemporánea de Ayora y su entorno. Conquistada en primera instancia por Aragón (Jaime I) y cedida poco después a Castilla en virtud de tratados de reparto de los nuevos territorios arrebatados a los árabes, pasó menos de 40 años bajo bandera castellana.
Ayora ha sido escenario de la presencia humana desde sus más remotas manifestaciones.
En su término se encuentran vestigios pictóricos de la prehistoria, destacando los abrigos de Tortosilla y el Sordo, con pinturas de "estilo levantino" (10.000-6.500 antes del presente) que responde a acciones creenciales de los grupos cazadores-recolectores, y que deben vincularse con los autores de la Cueva de la Vieja y de tantos enclaves de Alpera (Albacete). También existen una serie de estaciones del Neolítico (el bancal de los Infiernos y la cueva del Duende), del Bronce (Cerro de la Marta, Puntal del Olmo Seco) y de la cultura Ibérica, destacando especialmente el Castellar de Meca, impresionante ciudad-fortaleza de piedra, única en su género por la extensión de su camino y sus múltiples aljibes y almacenes, todos ellos labrados en la roca madre del cerro. En él se han hallado fragmentos de cerámica, monedas y otros objetos.
(fuente: Wikipedia)

cabecera de un valle significativamente aislado.
Después de un periodo histórico común con el resto del sureste peninsular, tan solo destacable actualmente por restos pictóricos y funerarios de cierta importancia (incluyendo diversas cuevas con arte rupestre) y sobre todo por el –éste sí merecería capítulo aparte– muy destacable "Mugrón de Meca" o "Castellar del Mugrón de Meca" con restos de una muy importante población íbera –y/o celtíbera¿?– (en un altiplano cercano a Castilla), que posteriormente fue romana y en menor medida árabe (en esa época se decidió bajar a habitar el llano y los restos en esta zona se dispersan), llegó la "reconquista" de los reinos cristianos del norte.
Este periodo sí marca la historia contemporánea de Ayora y su entorno. Conquistada en primera instancia por Aragón (Jaime I) y cedida poco después a Castilla en virtud de tratados de reparto de los nuevos territorios arrebatados a los árabes, pasó menos de 40 años bajo bandera castellana.
Ayora ha sido escenario de la presencia humana desde sus más remotas manifestaciones.
En su término se encuentran vestigios pictóricos de la prehistoria, destacando los abrigos de Tortosilla y el Sordo, con pinturas de "estilo levantino" (10.000-6.500 antes del presente) que responde a acciones creenciales de los grupos cazadores-recolectores, y que deben vincularse con los autores de la Cueva de la Vieja y de tantos enclaves de Alpera (Albacete). También existen una serie de estaciones del Neolítico (el bancal de los Infiernos y la cueva del Duende), del Bronce (Cerro de la Marta, Puntal del Olmo Seco) y de la cultura Ibérica, destacando especialmente el Castellar de Meca, impresionante ciudad-fortaleza de piedra, única en su género por la extensión de su camino y sus múltiples aljibes y almacenes, todos ellos labrados en la roca madre del cerro. En él se han hallado fragmentos de cerámica, monedas y otros objetos.
(fuente: Wikipedia)

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Pedro Vicente
Marquesa
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Ayora, capital de la comarca que lleva su nombre, limítrofe con la provincia de Albacete, Castilla-La Mancha. Está asentada en la cabecera de una llanura a 552 metros de altitud. Su término mu municipal, uno de los más extensos de la provincia, ocupa la mitad meridional del valle. Lo atraviesa el río Reconque-Cautaban que entrega sus aguas al río Júcar.
El Hueco: Zona de ensanche de época renacentista. Sus ejes principales son la Plaza Mayor –con su característica fuente de La Negrita–, la calle de la marquesa del Zenete y la calle Empedrá, sin olvidar los típicos callejones. En él se halla la monumental Iglesia Parroquial de la Asunción.
Ayora pertenece definitivamente al Reino de Valencia desde 1305.
El siglo XIV destacó por la aparición de epidemias de hambre y peste en 1392, marco en el que surge el milagro del Ángel de Ayora, cuya tradición ha llegado hasta nosotros.
Durante ese período el señorío de Ayora pasa por varias manos, hasta que en 1491 es comprado por Rodrigo de Mendoza, marqués del Zenete. Su hija y heredera, Mencía de Mendoza y Fonseca, mujer muy culta y de gran formación, tuvo una gran influencia como Señora de Ayora, la villa y su castillo, ya que gracias a ella llega la influencia del Renacimiento, plasmada en el inicio de la construcción de la Iglesia Parroquial y en la llamada "puerta falsa" del castillo, construida por mandato suyo. Tras su muerte, sin descendencia, la heredera fue su hermana María, que contrajo matrimonio con Diego Hurtado de Mendoza. Con el hijo de ambos la villa entró en la casa del ducado del Infantado, en la que perduró hasta el siglo XIX.

El marquesado del Cenete es el título nobiliario español que la reina Isabel la Católica concedió en 1491 a Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, I Conde del Cid. Su nombre se refiere a la comarca andaluza del Zenete en la provincia de Granada.
El primer marqués, Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, constructor del Castillo de La Calahorra, casó con María Fonseca. Su hija Mencía de Mendoza casó con Diego Hurtado de Mendoza, Conde de Saldaña, pasando el marquesado a la Casa del Infantado, cuyos miembros lo utilizaron alternativamente, llamándose el primero duque del Infantado y marqués de Cenete y su sucesor marqués de Cenete y duque del Infantado.
El mayorazgo del marqués incluía las baronías de Alberique, Ayora, Alcocer, Alazquer y unas casas que el cardenal Mendoza poseía en Guadalajara, y que fueron vendidas al duque del Infantado.
(fuente: Wikipedia)

municipal, uno de los más extensos de la provincia, ocupa la mitad meridional del valle. Lo atraviesa el río Reconque-Cautaban que entrega sus aguas al río Júcar.
El Hueco: Zona de ensanche de época renacentista. Sus ejes principales son la Plaza Mayor –con su característica fuente de La Negrita–, la calle de la marquesa del Zenete y la calle Empedrá, sin olvidar los típicos callejones. En él se halla la monumental Iglesia Parroquial de la Asunción.
Ayora pertenece definitivamente al Reino de Valencia desde 1305.
El siglo XIV destacó por la aparición de epidemias de hambre y peste en 1392, marco en el que surge el milagro del Ángel de Ayora, cuya tradición ha llegado hasta nosotros.
Durante ese período el señorío de Ayora pasa por varias manos, hasta que en 1491 es comprado por Rodrigo de Mendoza, marqués del Zenete. Su hija y heredera, Mencía de Mendoza y Fonseca, mujer muy culta y de gran formación, tuvo una gran influencia como Señora de Ayora, la villa y su castillo, ya que gracias a ella llega la influencia del Renacimiento, plasmada en el inicio de la construcción de la Iglesia Parroquial y en la llamada "puerta falsa" del castillo, construida por mandato suyo. Tras su muerte, sin descendencia, la heredera fue su hermana María, que contrajo matrimonio con Diego Hurtado de Mendoza. Con el hijo de ambos la villa entró en la casa del ducado del Infantado, en la que perduró hasta el siglo XIX.

El marquesado del Cenete es el título nobiliario español que la reina Isabel la Católica concedió en 1491 a Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, I Conde del Cid. Su nombre se refiere a la comarca andaluza del Zenete en la provincia de Granada.
El primer marqués, Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, constructor del Castillo de La Calahorra, casó con María Fonseca. Su hija Mencía de Mendoza casó con Diego Hurtado de Mendoza, Conde de Saldaña, pasando el marquesado a la Casa del Infantado, cuyos miembros lo utilizaron alternativamente, llamándose el primero duque del Infantado y marqués de Cenete y su sucesor marqués de Cenete y duque del Infantado.
El mayorazgo del marqués incluía las baronías de Alberique, Ayora, Alcocer, Alazquer y unas casas que el cardenal Mendoza poseía en Guadalajara, y que fueron vendidas al duque del Infantado.
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Pedro Vicente
Medieval
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Con la expansión conquistadora de los reinos cristianos medievales, la lucha por la posesión del Valle enfrenta con frecuencia a castellanos y aragoneses y estas tierras cambian a menudo de dueño re retornando, en ocasiones, a sus señores musulmanes. Estos encuentros y disputas fronterizas se resuelven con la reconquista por el rey Jaime I, el Conquistador, que la cede a Castilla en el Tratado de Almizra (1244), por lo que la repoblación se lleva a cabo desde el primer momento por castellanos, lo que explica el habla castellana de la comarca. Los musulmanes de Ayora –convertidos ahora en mudéjares y posteriormente en moriscos– tuvieron que abandonar el núcleo principal, construyendo un arrabal fuera de los muros de la villa: "la morería" –actual barrio de Santa Lucía–.
La pertenencia al Reino de Castilla se mantendrá hasta 1281, con la firma del Tratado de Campillo entre el rey castellano Alfonso X el Sabio y Pedro III de Aragón, por el que se cede el Valle como compensación de guerra por la ayuda prestada en la pacificación de la revuelta morisca. No obstante, la definitiva integración de Ayora en el Reino de Valencia, dentro de la Corona de Aragón, no se fija hasta la firma del acuerdo de Elche en 1305, durante el reinado de Jaime II.
Bajo el reinado de Jaime II, y por un nuevo tratado que definía las fronteras entre las coronas cristianas, Ayora quedó definitivamente ligada a la Corona de Aragón.
Los sucesivos señores del Valle concedieron varios privilegios, dada su posición estratégica y su carácter fronterizo, destacando el Privilegio rodado de Alfonso X de Castilla (documento más antiguo conservado en la Villa) que recoge una serie de concesiones o franquicias que el rey otorga a Ayora.
(fuente: Wikipedia)

retornando, en ocasiones, a sus señores musulmanes. Estos encuentros y disputas fronterizas se resuelven con la reconquista por el rey Jaime I, el Conquistador, que la cede a Castilla en el Tratado de Almizra (1244), por lo que la repoblación se lleva a cabo desde el primer momento por castellanos, lo que explica el habla castellana de la comarca. Los musulmanes de Ayora –convertidos ahora en mudéjares y posteriormente en moriscos– tuvieron que abandonar el núcleo principal, construyendo un arrabal fuera de los muros de la villa: "la morería" –actual barrio de Santa Lucía–.
La pertenencia al Reino de Castilla se mantendrá hasta 1281, con la firma del Tratado de Campillo entre el rey castellano Alfonso X el Sabio y Pedro III de Aragón, por el que se cede el Valle como compensación de guerra por la ayuda prestada en la pacificación de la revuelta morisca. No obstante, la definitiva integración de Ayora en el Reino de Valencia, dentro de la Corona de Aragón, no se fija hasta la firma del acuerdo de Elche en 1305, durante el reinado de Jaime II.
Bajo el reinado de Jaime II, y por un nuevo tratado que definía las fronteras entre las coronas cristianas, Ayora quedó definitivamente ligada a la Corona de Aragón.
Los sucesivos señores del Valle concedieron varios privilegios, dada su posición estratégica y su carácter fronterizo, destacando el Privilegio rodado de Alfonso X de Castilla (documento más antiguo conservado en la Villa) que recoge una serie de concesiones o franquicias que el rey otorga a Ayora.
(fuente: Wikipedia)

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Pedro Vicente
Moros
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La ocupación musulmana del siglo VIII tuvo especial trascendencia en Ayora. En el 790, tras la muerte de Teodomiro, señor de la zona, el Valle pasó a incorporarse al Emirato andalusí y posteriormente al califato de Córdoba. A Ayora llegaron pobladores islamitas, que coexistieron pacíficamente con los cristianos, conservando estos últimos su religión y sus costumbres. Esta coexistencia, garantizada por varios privilegios, se mantendrá hasta 1609 con la expulsión de los moriscos. Los árabes llamaron "Anadar Liaura" al Valle, expresión que quiere decir "valle desde donde se mira la Villa de Ayora".
De la prolongada y enriquecedora permanencia islámica quedan restos del importante sistema defensivo que crearon (construcción o remodelación de los castillos de la zona), barrios con callejas estrechas y tortuosas (como el barrio de los Altos, en el que estuvo la antigua mezquita) y una abundante acumulación toponímica.
La promulgación del edicto de expulsión de Felipe III (1609), que disponía la obligatoriedad de que todos los moriscos fueran expulsados, y los duros términos que contenía provocó levantamientos en toda la comarca donde, a excepción de Ayora, eran mayoría. Refugiados en la Muela de Cortés, al amparo de baluartes naturales de fácil defensa, se oponen a la violencia institucional, luchando desesperadamente, proclamándose su caudillo Turigi, rey de Ayora. Al fin, sofocada la rebelión, no sin grandes esfuerzos y pérdidas de las partidas reales, Turigi es ajusticiado en Valencia y los moriscos son definitivamente expulsados.
Esta expulsión tuvo graves consecuencias, ya que agravó el problema de la despoblación, con la consiguiente ruina de la agricultura y demás actividades económicas, situación que se prolongara durante los siglos XVII y XVIII, ya que los vacíos provocados por el decreto no fueron cubiertos por gentes de Valencia, que no disponía de suficientes recursos demográficos ni, al parecer, había tampoco buena disposición popular a ocupar tierras tan duras y apartadas. Se recurre entonces a familias castellanas, principalmente manchegas, que acuden a trabajar las empobrecidas tierras. Esta lamentable situación se ve agravada por los problemas de sequías, hambres y epidemias.
(fuente: Wikipedia)

posteriormente al califato de Córdoba. A Ayora llegaron pobladores islamitas, que coexistieron pacíficamente con los cristianos, conservando estos últimos su religión y sus costumbres. Esta coexistencia, garantizada por varios privilegios, se mantendrá hasta 1609 con la expulsión de los moriscos. Los árabes llamaron "Anadar Liaura" al Valle, expresión que quiere decir "valle desde donde se mira la Villa de Ayora".
De la prolongada y enriquecedora permanencia islámica quedan restos del importante sistema defensivo que crearon (construcción o remodelación de los castillos de la zona), barrios con callejas estrechas y tortuosas (como el barrio de los Altos, en el que estuvo la antigua mezquita) y una abundante acumulación toponímica.
La promulgación del edicto de expulsión de Felipe III (1609), que disponía la obligatoriedad de que todos los moriscos fueran expulsados, y los duros términos que contenía provocó levantamientos en toda la comarca donde, a excepción de Ayora, eran mayoría. Refugiados en la Muela de Cortés, al amparo de baluartes naturales de fácil defensa, se oponen a la violencia institucional, luchando desesperadamente, proclamándose su caudillo Turigi, rey de Ayora. Al fin, sofocada la rebelión, no sin grandes esfuerzos y pérdidas de las partidas reales, Turigi es ajusticiado en Valencia y los moriscos son definitivamente expulsados.
Esta expulsión tuvo graves consecuencias, ya que agravó el problema de la despoblación, con la consiguiente ruina de la agricultura y demás actividades económicas, situación que se prolongara durante los siglos XVII y XVIII, ya que los vacíos provocados por el decreto no fueron cubiertos por gentes de Valencia, que no disponía de suficientes recursos demográficos ni, al parecer, había tampoco buena disposición popular a ocupar tierras tan duras y apartadas. Se recurre entonces a familias castellanas, principalmente manchegas, que acuden a trabajar las empobrecidas tierras. Esta lamentable situación se ve agravada por los problemas de sequías, hambres y epidemias.
(fuente: Wikipedia)

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Pedro Vicente
Plaza
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Una plaza es un espacio urbano público, amplio y descubierto, en el que se suelen realizar gran variedad de actividades. Las hay de múltiples formas y tamaños, y construidas en todas las épocas, per pero no hay ciudad en el mundo que no cuente con una. Por su relevancia y vitalidad dentro de la estructura de una ciudad se las considera como salones urbanos.
Con frecuencia son el elemento nuclear de una población, el lugar alrededor del cual comienzan a levantarse las edificaciones más representativas, con lo que se convierten en símbolos del poder. Son típicas en muchos pueblos la plaza del ayuntamiento, la plaza de la iglesia (habitualmente coinciden, o simplemente se conocen como la plaza del pueblo); en localidades mayores son más propias la plaza de la catedral o la plaza del palacio.
Las plazas son el centro por excelencia de la vida urbana. En ellas se concentran gran cantidad de actividades sociales, comerciales y culturales. Las funciones simbólicas, tanto políticas como religiosas son de gran importancia en estos espacios, siendo elegidas para la celebración de coronaciones, ejecuciones, manifestaciones, procesiones, canonizaciones... A menudo son elegidas para levantar en ellas monumentos conmemorativos o estatuas, ya que son espacios singulares y adecuados para los mecanismos de mantenimiento de la memoria histórica. Además, al ser lugares de encuentro, albergan actividades lúdicas y festivas: fiestas, juegos, espectáculos, deportes, mercadillos o cualquier acto público imaginable. La función económica (plaza de mercado) responde a la vitalidad de las transacciones espontáneas, pero también las hacen ser objeto de especial atención y control por los poderes públicos.
Otra función significativa es la militar, que está en el origen de muchas ciudades. El término "plaza" en lenguaje castrense, es equivalente a "ciudad", y está en muchas expresiones convencionales (sentar plaza, mando en plaza, plaza fuerte...).
En el mundo taurino, y en la toponimia de muchas localidades españolas e hispanoamericanas, se usa "plaza" antonomásticamente por plaza de toros.
(fuente: Wikipedia)

pero no hay ciudad en el mundo que no cuente con una. Por su relevancia y vitalidad dentro de la estructura de una ciudad se las considera como salones urbanos.
Con frecuencia son el elemento nuclear de una población, el lugar alrededor del cual comienzan a levantarse las edificaciones más representativas, con lo que se convierten en símbolos del poder. Son típicas en muchos pueblos la plaza del ayuntamiento, la plaza de la iglesia (habitualmente coinciden, o simplemente se conocen como la plaza del pueblo); en localidades mayores son más propias la plaza de la catedral o la plaza del palacio.
Las plazas son el centro por excelencia de la vida urbana. En ellas se concentran gran cantidad de actividades sociales, comerciales y culturales. Las funciones simbólicas, tanto políticas como religiosas son de gran importancia en estos espacios, siendo elegidas para la celebración de coronaciones, ejecuciones, manifestaciones, procesiones, canonizaciones... A menudo son elegidas para levantar en ellas monumentos conmemorativos o estatuas, ya que son espacios singulares y adecuados para los mecanismos de mantenimiento de la memoria histórica. Además, al ser lugares de encuentro, albergan actividades lúdicas y festivas: fiestas, juegos, espectáculos, deportes, mercadillos o cualquier acto público imaginable. La función económica (plaza de mercado) responde a la vitalidad de las transacciones espontáneas, pero también las hacen ser objeto de especial atención y control por los poderes públicos.
Otra función significativa es la militar, que está en el origen de muchas ciudades. El término "plaza" en lenguaje castrense, es equivalente a "ciudad", y está en muchas expresiones convencionales (sentar plaza, mando en plaza, plaza fuerte...).
En el mundo taurino, y en la toponimia de muchas localidades españolas e hispanoamericanas, se usa "plaza" antonomásticamente por plaza de toros.
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Vestidos, Ropas, Trajes. Artesanía de Elena Martinez Pardo.
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La artesanía comprende, básicamente, obras y trabajos realizados manualmente y con poca o nula intervención de maquinaria, habitualmente son objetos decorativos o de uso común. Al que se dedica a est esta actividad se le denomina artesano.
El término artesanía se refiere al trabajo realizado de forma manual por una persona en el que cada pieza es distinta a las demás, diferenciándolo del trabajo en serie o industrial.

Acostumbrados como estamos a comprar ropa barata ya confeccionada y que uno tira a la basura o entrega a un mercadillo benéfico al menor desgarrón, puede resultarnos difícil imaginar el valor que antiguamente se concedió a las vestimentas. Tan grande era su valor que, en una época en la que el saqueo y el pillaje era con frecuencia la única fuente de ingresos de los soldados, éstos aprovechaban sus victorias para arramblar no sólo con los tesoros artísticos y cuanto de valioso hallaban en las ciudades vencidas, sino también para robar a los cadáveres todo lo que llevaran encima: monedas, sortijas y armas, sí, pero también el calzado y las vestimentas, ya fueran éstas semiharapos de campesino o costosísimas cotas de malla, al alcance sólo de los más ricos y poderosos. Se explica así cómo el Raub gérmanico, que significa ‘robo’, ‘rapiña’, ‘pillaje’, ‘saqueo’ o ‘botín’, pudo restringir en español su campo semántico hasta una ropa que designa ya sólo las prendas de tela con las que nos vestimos. Esta evolución se observa en todos los idiomas romances, si bien no en todos ellos fue igual de intensa la restricción semántica. En italiano, por ejemplo, el vocablo roba cubre todavía un campo semántico más amplio que nuestra ‘ropa’ y más cercano al de la rapiña original, pues puede aplicarse también a muchos otros objetos, con un sentido muy próximo al de nuestra palabra ‘cosa’, como en las expresiones roba da mangiare (comida) o roba vecchia (trastos viejos). En francés, en cambio, el sustantivo robe se usa en un sentido todavía más restringido que el de nuestra ‘ropa’, pues designa únicamente el vestido de mujer o la toga de un letrado.

He usado también traje porque nosotros hablamos del traje de Ayorina, aunque el traje es el conjunto tradicional masculino en el mundo occidental formado por un combinado de chaqueta y pantalón y en ocasiones, un chaleco.
(fuente: Wikipedia)

esta actividad se le denomina artesano.
El término artesanía se refiere al trabajo realizado de forma manual por una persona en el que cada pieza es distinta a las demás, diferenciándolo del trabajo en serie o industrial.

Acostumbrados como estamos a comprar ropa barata ya confeccionada y que uno tira a la basura o entrega a un mercadillo benéfico al menor desgarrón, puede resultarnos difícil imaginar el valor que antiguamente se concedió a las vestimentas. Tan grande era su valor que, en una época en la que el saqueo y el pillaje era con frecuencia la única fuente de ingresos de los soldados, éstos aprovechaban sus victorias para arramblar no sólo con los tesoros artísticos y cuanto de valioso hallaban en las ciudades vencidas, sino también para robar a los cadáveres todo lo que llevaran encima: monedas, sortijas y armas, sí, pero también el calzado y las vestimentas, ya fueran éstas semiharapos de campesino o costosísimas cotas de malla, al alcance sólo de los más ricos y poderosos. Se explica así cómo el Raub gérmanico, que significa ‘robo’, ‘rapiña’, ‘pillaje’, ‘saqueo’ o ‘botín’, pudo restringir en español su campo semántico hasta una ropa que designa ya sólo las prendas de tela con las que nos vestimos. Esta evolución se observa en todos los idiomas romances, si bien no en todos ellos fue igual de intensa la restricción semántica. En italiano, por ejemplo, el vocablo roba cubre todavía un campo semántico más amplio que nuestra ‘ropa’ y más cercano al de la rapiña original, pues puede aplicarse también a muchos otros objetos, con un sentido muy próximo al de nuestra palabra ‘cosa’, como en las expresiones roba da mangiare (comida) o roba vecchia (trastos viejos). En francés, en cambio, el sustantivo robe se usa en un sentido todavía más restringido que el de nuestra ‘ropa’, pues designa únicamente el vestido de mujer o la toga de un letrado.

He usado también traje porque nosotros hablamos del traje de Ayorina, aunque el traje es el conjunto tradicional masculino en el mundo occidental formado por un combinado de chaqueta y pantalón y en ocasiones, un chaleco.
(fuente: Wikipedia)

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Virgen del Rosario
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Cuenta la leyenda que la Virgen se apareció en 1208 a Santo Domingo de Guzmán en una capilla del monasterio de Prouilhe (Francia) con un rosario en las manos, le enseñó a rezarlo y le dijo que lo predicara entre los hombres; además, le ofreció diferentes promesas referentes al rosario. El santo se lo enseñó a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort antes de la Batalla de Muret, cuya victoria se atribuyó a la Virgen. Por ello, Montfort erigió la primera capilla dedicada a la imagen.
En el siglo XV su devoción había decaído, por lo que nuevamente la imagen se apareció al beato Alano de la Rupe, le pidió que la reviviera, que recogiera en un libro todos los milagros llevados a cabo por el rosario y le recordó las promesas que siglos atrás dio a Santo Domingo.
En el siglo XVI, San Pío V instauró su fecha el 7 de octubre, aniversario de la victoria en la Batalla de Lepanto (atribuida a la imagen), denominándola Nuestra Señora de las Victorias; además, agregó a la letanía de la Virgen el título de Auxilio de los Cristianos. Su sucesor, Gregorio XIII, cambió el nombre de su festividad al de Nuestra Señora del Rosario. A causa de la victoria en la batalla de Temesvár en 1716, atribuida por Clemente XI a la imagen, el papa ordenó que su fiesta se celebrase por la Iglesia universal. León XIII, cuya devoción por esta advocación hizo que fuera apodado el Papa del Rosario, escribió unas encíclicas referentes al rosario, consagró el mes de octubre al rosario e incluyó el título de Reina de Santísimo Rosario en la letanía de la Virgen.
Como anécdotas, tanto la Virgen de Lourdes en su aparición de 1858 como la de Fátima en 1917 pidieron a sus aparecidos que rezasen el rosario. Gran parte de los papas del siglo XX fueron muy devotos de esta advocación, y Juan Pablo II manifestó en 1978 que el rosario era su oración preferida.
(fuente: Wikipedia)

predicara entre los hombres; además, le ofreció diferentes promesas referentes al rosario. El santo se lo enseñó a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort antes de la Batalla de Muret, cuya victoria se atribuyó a la Virgen. Por ello, Montfort erigió la primera capilla dedicada a la imagen.
En el siglo XV su devoción había decaído, por lo que nuevamente la imagen se apareció al beato Alano de la Rupe, le pidió que la reviviera, que recogiera en un libro todos los milagros llevados a cabo por el rosario y le recordó las promesas que siglos atrás dio a Santo Domingo.
En el siglo XVI, San Pío V instauró su fecha el 7 de octubre, aniversario de la victoria en la Batalla de Lepanto (atribuida a la imagen), denominándola Nuestra Señora de las Victorias; además, agregó a la letanía de la Virgen el título de Auxilio de los Cristianos. Su sucesor, Gregorio XIII, cambió el nombre de su festividad al de Nuestra Señora del Rosario. A causa de la victoria en la batalla de Temesvár en 1716, atribuida por Clemente XI a la imagen, el papa ordenó que su fiesta se celebrase por la Iglesia universal. León XIII, cuya devoción por esta advocación hizo que fuera apodado el Papa del Rosario, escribió unas encíclicas referentes al rosario, consagró el mes de octubre al rosario e incluyó el título de Reina de Santísimo Rosario en la letanía de la Virgen.
Como anécdotas, tanto la Virgen de Lourdes en su aparición de 1858 como la de Fátima en 1917 pidieron a sus aparecidos que rezasen el rosario. Gran parte de los papas del siglo XX fueron muy devotos de esta advocación, y Juan Pablo II manifestó en 1978 que el rosario era su oración preferida.
(fuente: Wikipedia)

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